miércoles, 25 de junio de 2008

Un Llamado al Arrepentimiento de Cd. Juárez (2a.Parte)

Este es un comentario que recibí de un amigo que se lo envió al editor de una revista para empresarios. Creí que pudiera ser interesante y edificante ponerlo en el blog ya que aborda nuestro tema desde una perspectiva mas intelectual. Puede ser útil para reenviarselo a alguien que no está viendo el problema desde un punto de vista religioso.

Apreciable amigo:

Te agradezco mucho el correo que me enviaras y en el que abordas, con base en dos correos recibidos por ti, la situación de nuestra ciudad. Coincido contigo en que fue y es lastimoso observar como el temor domina a muchos ciudadanos y que los temas diarios de conversación y de cadenas de correo electrónico versen sobre lo mismo. De pronto parece generarse un clamor que pide, exige, reclama, solicita vivir en paz… como si nada pasara…como si nada hubiera pasado. Supongo que la ciudad se revuelca en el lecho de una aparente pesadilla y quiere ser despertada. Lo malo es que no se trata de un sueño. ¿Existe alguna forma humana de enfrentar esta pesadilla real? No, no la hay.
Una de las tendencias que nos caracteriza como seres humanos es una convicción de omnipotencia. Ve tú a saber si proviene del Renacimiento, de la Ilustración, de la Revolución Francesa o de la lejana antigüedad (tan lejana como el Edén). Creemos que basta con que nos decidamos a modificar nuestro destino para que esto se haga. Se le atribuye a Goethe aquello de uno es el arquitecto de su propio destino. ¿Será entonces que Juárez ha sido arquitecto de su destino? En buena medida la ciudad ha sido beneficiaria del estado de cosas que ahora vive una crisis de continuidad. Por supuesto que esto debe verse con el aséptico lente de la macroeconomía porque los binoculares personalizados deforman al parcializarla la realidad juarense que además de los males también enfrenta acusadores.
No estoy de acuerdo en que deban ondearse argumentos de naturaleza económica, que llaman a que invirtamos o gastemos para “salvar” o “fortalecer” a Juárez. No, estimado amigo. Más que en pavor por un lado, o bien, en una aparente “normalidad” por el otro, la ciudad debe sumirse en una contrición verdadera en el terreno del espíritu. Mucho más allá de rituales semanales, cada uno de nosotros debe dirigir su mirada primero a Dios y luego a su propio interior para revisar su vida, valores y propósitos. Todo lo que pasa en la ciudad nos: preocupa, enoja, inquieta, atemoriza, indigna, exalta pero no nos duele, no nos quebranta. ¿Qué será de las familias de los policías asesinados? ¿Qué pasará con los hijos y las familias de los “levantados”, “encobijados”? ¿La ciudad necesita llevar un score de los muertos por minuto, por hora? ¿Necesitamos saber los mensajes con una ortografía y un léxico deleznables que se dirigen entre sí las bandas?
Apenas he sido salvado del laicismo en el que parece que la razón encuentra para todo una explicación idónea y que con un poco más de fósforo, la mente enhebra soluciones geniales. Todo lo que huela a espíritu es descartado porque se le asocia a la Edad Media o a costumbres de nuestros abuelos que nos parecen supersticiones…pero en el fondo creemos en ellas y nos da miedo que no nos protejan.
Necesitamos volvernos a Dios. ¿Cómo? Mediante el arrepentimiento, la contrición y la intercesión. Puede ser que para todo el mundo empresarial sean más conocidas la programación neurolinguística (PNL), la teoría sistémica o el balanced score card (BSC) pero la oración, la meditación, el ayuno y el estudio bíblico son también disciplinas que nos conducen a una transformación interior que se tiene que reflejar en el entorno. Son estas disciplinas las que nos permiten leer y entender el mensaje bíblico que aparece en varios libros, con miles de años de diferencia entre ellos, y en donde como una constante se describe como la humanidad, no obstante estar sometida a calamidades enviadas por Dios, se rehusó de una manera obstinada, a arrepentirse. Poco después del diluvio, los hombres envalentonados ya trabajaban en el escalamiento del cielo. En el libro de Apocalipsis se describe cómo Dios enviará centenares de miles de ángeles a dar muerte a un tercio de la humanidad y los dos tercios restantes rehusarán arrepentirse.
Leo en la prensa que quienes antes frecuentaban centros nocturnos en Juárez ahora prefieren ir al los de El Paso. ¿Lo normal sería que vuelva la juventud a los centros nocturnos de este lado? Ciudad Juárez necesita primero arrepentirse, esto es, salir de la “normalidad”. Le doy gracias a Dios por tu vida y por la carta que me has hecho llegar y que ha dado oportunidad de hacerte estos comentarios. Te saludo con aprecio.
Antonio C.

lunes, 23 de junio de 2008

Un Llamado al Arrepentimiento de Cd. Juárez

¿Puede Dios juzgar una ciudad?

Sodoma y Gomorra, Jericó, Samaria, Jerusalén, todas son ciudades que aparecen en la Biblia y que Dios juzgó. Las juzgó por su pecado y por rechazarlo a él. La pregunta que los juarenses deben hacerse es si esta ola de violencia que vive la ciudad la está permitiendo Dios como una forma de llamar a Juárez al arrepentimiento.

Hechos 17:30 Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, 31 porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos.

Sé que esto es un pensamiento controversial aún entre los Cristianos. No nos gusta pensar en Dios como un ser supremo con autoridad para juzgar y castigar a los pecadores. Todos queremos un Dios a quien podamos manejar o que se ajuste a nuestras expectativas, un Dios conforme a nuestro propio diseño. Pero ese no es el Dios que describen las Escrituras.

La Biblia nos revela a un Dios que es soberano sobre todas las cosas y que como creador del Universo, la tierra y el hombre tiene todo el derecho de establecer su Le. Su ley, que contiene sus mandatos y preceptos para el hombre, es santa y justa y muy digna de ser obedecida. Sin embargo, la Biblia también nos dice que el hombre por naturaleza se rebela contra esa ley divina, la rechaza y desobedece constantemente. Esto le hace digno de juicio y condenación de parte de su santo creador. Ese es el problema.

Pero, Dios que es bueno y abundante en su compasión, siendo el hombre culpable, ha provisto un medio para que haya una reconciliación. Una manera de que se sane la relación de enemistad entre Dios y el hombre. Ese medio es Jesús. La razón por la que Jesús vino es precisamente para solucionar el problema de la rebelión del hombre. Vino para hacerse responsable de esa rebelión humana. Vino para absorber el castigo que todos los hombres merecemos – la muerte. El la sufrió en carne propia para que entonces los hombres pudieran tener acceso al perdón de Dios.

Lucas 24:46 y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; 47 y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Y ¿cómo se obtiene entonces el perdón de Dios? Por medio del arrepentimiento. La Biblia no solo nos revela en donde está el problema del hombre (en su rebelión contra la ley de Dios) sino que proclama las buenas noticias de la solución a ese problema (Jesús vino a preparar un acceso al perdón de Dios). Al morir Jesús obtiene la posibilidad del perdón para el hombre. Ahora todo el que desea obtener ese perdón puede clamar a él, invocando su misericordia y podrá obtenerlo. Pero la manera de clamar a Dios para obtener perdón es el arrepentimiento. Arrepentimiento significa que dejas atrás todo aquello de tu manera de vivir que ofende a Dios y te sometes a vivir conforme a su voluntad. Es “volverse” a Dios, o sea volverse de una vida ofensiva a Dios a una vida sometida a Dios.

Pero las buenas nuevas no terminan allí. El evangelio no solo incluye la posibilidad del perdón de Dios sino también la promesa de la vida eterna con él. Dios quiere perdonar al hombre para llevarlo hasta su presencia. Dios mismo es el fin del evangelio. Dios quiere perdonarnos para que estemos con él para siempre.

Romanos 6:22 Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna.

Entonces, el llamado al arrepentimiento no es una mala noticia, sino en realidad una bendición. Es el camino necesario para obtener las promesas de perdón y de vida de parte de Dios. Cuando Dios llama al arrepentimiento lo que desea es bendecir a la gente no destruirla. Si Dios está permitiendo que veamos toda esta violencia es para que volvamos nuestros ojos a él y reconozcamos que sin él estamos perdidos.

Cd. Juárez, voltea tus ojos a Jesús. Clama a él en arrepentimiento para el perdón de tus pecados. Si lo haces obtendrás el perdón y la vida eterna. Si lo haces, ¡obtendrás a Dios!

viernes, 20 de junio de 2008

Duelo con Ayuno y Oración

John Piper en su libro “Hambre por Dios” dice: Comer es bueno, Dios es mejor. Lo dice en referencia al ayuno. Describe el ayuno como la declaración periódica y a veces decisiva de que preferimos llenarnos de la mesa de Dios en el reino de los cielos que alimentarnos de las mejores delicias de este mundo. También dice que el ayuno es una manera en que se nos revela personalmente, y a la vez se le declara a Dios, lo que hay en nuestros corazones. En otras palabras, por medio del ayuno podemos darnos cuenta lo que realmente queremos, pero aún más importante, le declaramos a Dios lo que realmente deseamos en nuestro corazón. Esto le recordó Jesús al diablo cuando fue tentado durante su ayuno de 40 días. Citó Deuteronomio 8 que hace referencia a la manera en que Dios probó a su pueblo en el desierto. Dios quería que aprendieran que su Dios debía ser más importante para ellos que la misma comida:

Deuteronomio 8:2 Y te acordarás de todo el camino por donde el SEÑOR tu Dios te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos. 3 Y te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no sólo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR.

Creo que el llamado a hacer Duelo y a levantar nuestro clamor por nuestra ciudad debe incluir ayuno. ¿Qué es más importante para la iglesia de Cd. Juárez en estos días de violencia? Por medio del ayuno estamos declarando a la iglesia, al mundo y a nuestro Señor que lo necesitamos a El mas que la misma comida. Que tenemos hambre de su presencia y justicia en nuestra tierra. Que anhelamos ver su rostro brillar sobre nuestras vidas. Que buscamos su bendición y favor y que preferimos todo esto por encima de los mismos alimentos cotidianos.

Creemos que este es un tiempo de crisis extraordinaria. Creo que muchos estarán de acuerdo que la situación de nuestra ciudad y País es muy grave. No podemos considerar normal o pasajero el hecho que en menos de 6 meses han sido asesinadas mas de 500 personas en Cd. Juárez, algunas de ellas víctimas inocentes de una guerra sin sentido entre sicarios. Creo que Dios espera que nuestra oración sea entonces extraordinaria. Que no solo sea un clamor temporal o esporádico, sino una declaración significativa de lo que hay en nuestro corazón.

Esa declaración debe levantarse a Dios con un ayuno que exclame: ¡Señor, no tenemos esperanza si tú no nos escuchas! ¡Señor rehusamos comer porque lo que mas anhelamos es que tu satisfagas nuestra hambre de ti!

En la Iglesia Gracia Soberana de Cd. Juárez hemos convocado a un duelo con clamor y ayuno durante 40 días. Desde este pasado miércoles 18 diariamente habrá personas orando, confesando sus pecados y los pecados de nuestra ciudad y clamando en intercesión a Dios por su perdón y misericordia sobre nuestra ciudad y país. Invito a todos los Cristianos de Cd. Juárez a que se organicen en sus iglesias y que tratemos de hacer una cadena de iglesias que continuemos con ese clamor continuamente hasta que nuestro Dios nos visite y derrame su bendición sobre nuestra ciudad.

martes, 17 de junio de 2008

Duelo por el Pecado de Juárez

Después de que la iglesia confiese y se arrepienta por sus pecados, debe confesar los pecados de su ciudad. Como juarenses y mexicanos podemos identificarnos con los pecados de nuestros conciudadanos. Si Dios emite un juicio contra México, los Cristianos mexicanos podemos interceder por nuestros compatriotas. Pero, debemos hacerlo reconociendo que como Nación y ciudad hemos ofendido a Dios. Es mucho el pecado del que somos culpables los mexicanos. Es mucho el pecado de nuestra ciudad que agravia profundamente a nuestro santo Dios. Veamos cuidadosamente la oración de Daniel:

Daniel 9:3 Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. 4 Y oré al SEÑOR mi Dios e hice confesión y dije: Ay, Señor, el Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia para los que le aman y guardan sus mandamientos ,5hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. 6 No hemos escuchado a tus siervos los profetas que hablaron en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. 7 Tuya es la justicia, oh Señor, y nuestra la vergüenza en el rostro, como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos en todos los países adonde los has echado, a causa de las infidelidades que cometieron contra ti. 8 Oh SEÑOR, nuestra es la vergüenza del rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque hemos pecado contra ti. 9 Al Señor nuestro Dios pertenece la compasión y el perdón, porque nos hemos rebelado contra Él, 10 y no hemos obedecido la voz del SEÑOR nuestro Dios para andar en sus enseñanzas, que Él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.

Daniel ora en duelo y hace confesión de los pecados de su pueblo, de sus gobernantes, de sus padres, y de todos los pueblos de la tierra, de los que están cerca y de los que están lejos. Su confesión es amplia porque el juicio de Dios había sido severo. Su corazón es reconocer los pecados aún de aquellos que estaban lejos de Jerusalén. Dios había sido ofendido y Daniel demuestra un gran celo en reconocer esa ofensa. Nosotros debemos tener ese mismo celo por la santidad de nuestro Dios.

¿Acaso no ofende a Dios la proliferación de antros de vicio, prostíbulos y moteles de paso? ¿Acaso no le ofende que algunos de esos establecimientos pertenecen a hombres de posición social que deberían ser líderes de nuestra comunidad? ¿Acaso no ofende a nuestro Dios que haya un desacato general de la ley y que prolifere el robo, la extorsión y el fraude? ¿Acaso no ofende a Dios la corrupción en algunos representantes de las autoridades, o en algunos empresarios voraces? ¿Y qué del abuso y la violencia en el hogar? ¿Y qué de la violencia sexual y la pornografía hasta en los periódicos? ¿Y qué de la falta de temor de Dios y la idolatría que hace ídolos hasta de artistas inmorales? Todo esto ofende gravemente a nuestro Dios. Creo que es tiempo que nos ofenda y duela también a toda la iglesia.

Pero la oración de Daniel no se limita solo a confesión, sino a una petición de misericordia y perdón. Reconoce que la vergüenza por sus pecados les pertenece. Esto es, se sabe merecedor del castigo justo de Dios. Pero también dice que al señor le pertenece la compasión y el perdón. Mas adelante lo repite con más claridad:

Daniel 9:17 Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus súplicas, y haz resplandecer tu rostro sobre tu santuario desolado, por amor de ti mismo, oh Señor. 18 Inclina tu oído, Dios mío, y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre; pues no es por nuestros propios méritos que presentamos nuestras súplicas delante de ti, sino por tu gran compasión. 19 ¡Oh Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa! ¡No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío! Porque tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

Sólo a Dios le pertenece el tener compasión de un pueblo culpable. No le pide misericordia porque se lo merezcan, sino porque está apelando solo a la compasión de Dios. Está apelando al amor que Dios mismo tiene por su nombre, y su nombre es “Clemente y Compasivo”. Nosotros podemos entonces clamar a Dios confesando los pecados de nuestra ciudad y pedirle ¡Oh Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa! ¡No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío! ¡Ten compasión de un pueblo que no te busca! ¡Ten misericordia de una ciudad que te ha ofendido grandemente! Cd. Juárez no merece tu compasión, pero te pedimos que tú que eres un Dios de infinita misericordia actúes conforme a eso y extiendas bondad a una ciudad que te ha ofendido tanto durante tanto tiempo.

¿Nos escuchará nuestro Señor? ¿Atenderá nuestro clamor? Nuestra esperanza está bien fundamentada. Pues si tuvo misericordia de nosotros que también éramos grandes pecadores, puede tener misericordia de un Cd. Juárez pecador.

El Duelo empieza con el arrepentimiento de la Iglesia

¿Podemos esperar que la gente de Cd. Juárez volteé sus ojos al cielo y clame a Dios en arrepentimiento por salvación? La Biblia nos dice que la gente que no conoce a Cristo está ciega a su verdadera necesidad y que fuera de la gracia que Dios mismo les de, no lo buscarán (Romanos 3:9-11; 2Corintios 4:3-4). Pero si debemos esperar que la Iglesia se mantenga en una actitud de humilde sumisión a su Señor. La Iglesia si debe procurar el rostro de su Dios para indagar las razones de su juicio sobre nuestra ciudad.

¿Y que si nuestro Dios nos dice que está permitiendo esta guerra violenta debido a la abundancia de avaricia y codicia, de inmoralidad y odio que hay en Cd. Juárez y todo México? ¿Puede la Iglesia en integridad dolerse por esos pecados en nuestro País sin primero dolerse por la presencia de esos mismos pecados dentro de sí misma? Claro que no, la iglesia debe reconocer y confesar sus propios pecados primero y así poder después honestamente reconocer los pecados de nuestra comunidad (Mateo 7:1-5; 1Pedro 4:17). Este orden de confesión lo vemos en el ejemplo de Nehemías y también en este pasaje de Daniel:

Daniel 9:13 Como está escrito en la ley de Moisés, toda esta calamidad ha venido sobre nosotros, pero no hemos buscado el favor del SEÑOR nuestro Dios, apartándonos de nuestra iniquidad y prestando atención a tu verdad. 14 Por tanto, el SEÑOR ha estado guardando esta calamidad y la ha traído sobre nosotros; porque el SEÑOR nuestro Dios es justo en todas las obras que ha hecho, pero nosotros no hemos obedecido su voz. 15 Y ahora, Señor Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te has hecho un nombre, como hoy se ve, hemos pecado, hemos sido malos. 16 Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de tu ciudad, Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean.

Daniel, como Nehemías, voltea en intercesión a Dios ante la noticia del mal que ha venido sobre su ciudad amada. Pero, lo primero que hace es reconocer los propios pecados de su pueblo. Primero reconoce que no han buscado el favor de su Dios. Nosotros los Cristianos de Juárez podemos ser culpables de lo mismo. Ante esta situación no hemos buscado el favor de nuestro Dios. En este llamado al duelo por Ciudad Juárez debemos arrepentirnos por nuestra indolencia y desinterés por nuestra ciudad y buscar intensamente el favor de nuestro Dios sobre nosotros y nuestra ciudad.

Pero Daniel dice una cosa muy interesante, liga el buscar el favor de Dios con el apartarse de su iniquidad. O sea que la manera de buscar el favor de Dios empieza con el buscar apartarse de nuestra propia iniquidad. Así es como debe permanecer la iglesia, buscando el favor de Dios pero “prestando atención” a su verdad para ver de qué forma no nos hemos apartado de nuestra propia iniquidad.

Si Dios está juzgando la codicia y avaricia de nuestro pueblo que con tal de controlar el lucrativo tráfico de drogas se enfrasca en una guerra a muerte contra los rivales. O una codicia que le lleva a las autoridades a corromperse por fuertes sumas de dinero. O una codicia y avaricia que hace que muchas empresas crezcan y prosperen beneficiándose con el caudal de dinero del narcotráfico que inunda nuestra ciudad. ¿Acaso no juzgará también la codicia y avaricia de su propio pueblo que corre a edificar sus propias casas mientras que la casa del Señor permanece en ruinas? (Hageo 1:4; Nehemias 13:11-12).

El amor al dinero es un mal que invade no solo al mundo caído, sino a la iglesia también. Así es con todo el pecado. La raíz de cada pecado en nuestra sociedad radica aún en los corazones de los Cristianos y tiene el potencial de salir y contaminar a la iglesia si no permanecemos en una actitud de velar contra ellos. Por ejemplo Jesús nos enseña que el odio entre hermanos equivale al homicidio, que la lujuria equivale al adulterio y que la rebelión equivale a hechicería. (Mateo 6:21-32) Estaba hablando de que los pecados tienen las mismas raíces. El que mata lo hace por odio y en la iglesia puede encontrarse mucho odio. Juicio, y rencor.

Por lo tanto hermanos, lo primero que debemos hacer para hacer duelo y clamar a Dios por nuestra ciudad, es hacer duelo por nuestros propios pecados. Que nos duela que hemos ofendido a nuestro Salvador que dio su vida por nosotros en la cruz. El pagó por nuestros odios y lujurias con su propia sangre. Eso debe dolernos. Acerquémonos en intercesión pero en una actitud de confesión y arrepentimiento por nuestros propios pecados.

domingo, 15 de junio de 2008

Un Llamado a hacer duelo por Juárez

En estos días he estado meditando acerca de la perspectiva que Dios ha de tener sobre la situación en nuestra ciudad. El está permitiendo que Satanás traiga muerte por todos lados. Muchos han muerto y no parece haber solución. La gente está angustiada y temerosa, se habla que la ciudad está en una psicosis. ¿Qué espera Dios de los pobladores de Cd. Juárez? ¿Cómo espera Él que responda la ciudad ante todo esto? Creo que es obvio que Dios espera una ciudad que volteé a él en arrepentimiento y clamor.

Por lo que leo en la Escritura, Dios a veces permite y decreta tiempos de dificultad y dolor para el mundo. Esto lo hace para corregir a los hombres de su pecado y para motivarlos a que se arrepientan y se vuelvan a él. El siempre está esperando para responder cuando la gente clama a él con un corazón humilde, buscando su perdón y su salvación. Pero ¿está Juárez volteando hacia Dios y buscando su perdón y ayuda? ¿Están sus pobladores cada vez mas conscientes que solo Dios puede liberarlos de toda esta violencia? Creo que muchos han de creer que Dios puede ayudarnos y librarnos de este mal, pero ¿Pensará Cd. Juárez que tal vez esto está sucediendo para conducirnos hacia el arrepentimiento de nuestros muchos pecados? Miren lo que decía el profeta Jeremías durante uno de esos tiempos en los que Dios castigó a su pueblo con calamidad:

Jeremías 5:1 Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas, a ver si halláis algún hombre, si hay quien haga justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaré. 2 Pues aunque digan: "Vive el SEÑOR", de cierto juran falsamente. 3 Oh, SEÑOR, ¿no buscan tus ojos la verdad? Tú los heriste, mas no les dolió; tú los consumiste, mas ellos rehusaron recibir corrección. Endurecieron sus rostros más que la roca, rehusaron arrepentirse.

Lo asombroso es que a pesar de que el Señor estaba “hiriendo” a su gente a ellos no les dolió y ellos rehusaron arrepentirse. Se negaron a humillarse delante del Señor. El Señor reta a Jeremías a buscar a alguien que lo esté buscando para que El lo perdone. ¿Podrá llegar a ser el caso de Cd. Juárez, que Dios nos hiera pero que no nos duela y que rehusemos arrepentirnos? Aunque la gente de Juárez no le duela a la iglesia le debe doler. Aunque la gente de Juárez no se arrepienta, la iglesia debe arrepentirse. En otras palabras, la iglesia no debe quedarse quieta ante esta situación, no debe ser “indolente”, sino “doliente”. La iglesia debe hacer duelo.

Veamos el ejemplo de Nehemías cuando se enteró del estado deplorable de Jerusalén. Se sentó, lloró e hizo duelo:.

Nehemías 1:4 Y cuando oí estas palabras, me senté y lloré, e hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo. 5 Y dije: Te ruego, oh SEÑOR, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman y guardan sus mandamientos, 6 que estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche por los hijos de Israel tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 Hemos procedido perversamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a tu siervo Moisés

Hacer duelo significa que intencionalmente buscas que te duela algo. Cuando a un amigo se le muere un ser querido corres a hacer duelo con él. Quieres que te duela su pérdida. Te dueles junto con él. Intencionalmente buscas ese dolor, no tanto porque fue tú pérdida, sino porque por amor a tu amigo quieres identificarte con su dolor. La iglesia debe hacer duelo por su ciudad. Aunque no hayas experimentado la pérdida de un ser querido, puedes identificarte con el dolor de nuestra gente.

Además, Nehemías se dolió porque se dio cuenta que el dolor que experimentaba Jerusalén era la consecuencia del pecado de ese pueblo. Por lo tanto, el duelo de Nehemías era no solo por el estado devastado de Jerusalén, sino porque Dios había sido agraviado y había mandado esa devastación. El duelo era por el pecado y sus consecuencias. Este es el tipo de duelo que la iglesia de Cd. Juárez debe sentir. Nuestra ciudad ha ofendido a Dios por muchos años y ahora Dios ha permitido que recojamos las consecuencias de haber tolerado y participado de tanto pecado.

Quiero hacer un llamado a todos los Cristianos de Cd. Juárez, hagamos duelo por nuestra ciudad. Busquemos intencionalmente que nos duela el estado de nuestra ciudad. Que le demos instrucciones a nuestro corazón para que el agravio del Señor y sus consecuencias nos afecte profundamente y nos lleve a hacer duelo.

martes, 10 de junio de 2008

La Verdadera Guerra Espiritual (tercera parte)

Velad en Oración y Súplica

Efesios 6:18 Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos

La tercer cosa que aprendemos de este pasaje en el libro de Efesios sobre la Guerra Espiritual es que debemos velar en oración y súplica por todos los santos, esto es por la iglesia. No hay guerra espiritual sin fe, no hay guerra espiritual sin perseverancia y no hay guerra espiritual sin oración por la iglesia.

Esta oración debe hacerse constantemente, pues dice que debe ser en todo tiempo. Esto también se implica porque nos dice que debemos estar velando. O sea no dormidos ni cansados, sino velando perseverantes por la iglesia. No podemos desistir de velar, de permanecer vigilantes. Esta es una de las razones por la que existe este blog. Para animar a la iglesia a que permanezca vigilante en estos tiempos difíciles.

Algunos piensan que la guerra espiritual es venir en contra del diablo. Lo cual es cierto hasta un punto. Pero la guerra espiritual empieza resistiendo al diablo permaneciendo firmes y velando por la iglesia en intercesión. Si el objetivo del enemigo es hacer que la iglesia desista y retroceda, entonces la guerra consiste en saber cómo resistir sus embates diabólicos permaneciendo firmes ante ellos.

Una de las maneras en que podemos resistir es orando en intercesión por los santos. Orando para que sus fuerzas no desfallezcan. Orando como Cristo oró para que no caigan en manos del maligno ni en sus tentaciones. Orando para que sean guardados como hemos dicho anteriormente en este blog.

También como Pablo, podemos orar para que la iglesia pueda comunicar efectivamente el evangelio y poderlo hacer con valor y denuedo:

Efesios 6:19 y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamarlo hable con denuedo, como debo hablar.

Hermanos, en estos tiempos en que la ciudad se sacude con violencia y crimen y cada día nos enteramos de mas muerte y de mas tragedias, necesitamos velar cada uno de nosotros en oración. No dejar de orar, más bien hacerlo constantemente. Cuando vayas por las calles a tu trabajo, ora. Cuando veas un agente o una patrulla en la calle, ora. Cuando veas niños correr en la escuela, ora. Cuando vayas de compras al mercado, ora. Ora por la iglesia para que sea preservada en poder y fortaleza y ora para que le sean dadas palabras para esta ciudad que tanto necesita conocer el evangelio de Jesucristo.